
24 Jun TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (99). NEOLONIALISMO Y DEUDA EXTERNA
Oscar Martín,
A la luz del Sexto Informe del IPCC decíamos que los países del Sur, los países pobres, no tienen que descuidarse de las nuevas formas de colonialismo; que la conferencia de Bretton Woods en 1944 tuvo mucha importancia en este tema. De ahí nació un nuevo orden mundial impulsado por Estados Unidos y Gran Bretaña, las dos potencias hegemónicas de aquel momento: Gran Bretaña en pleno declive y Estados Unidos en pleno ascenso fortalecido, además, por su liderazgo en el triunfo de los aliados sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial. El entramado jurídico e institucional de Bretton Woods expresa patentemente esa hegemonía económica, política, monetaria y militar norteamericana hasta la actualidad. El sistema de Bretton Woods confiere al Fondo Monetario Internacional una importante función de administración de créditos.
Los países del Sur tenían en común que su modo de integración en la economía mundial se había producido a través de la estructura política del colonialismo de los siglos XVI-XVIII. La integración estaba basada fundamentalmente en la producción de materias primas, agrícolas y mineras, a muy bajo precio. Se puede decir que la revolución industrial de las potencias europeas hubiera sido imposible sin esta primera división internacional del trabajo que ya, desde ese momento, produjo el tránsito de una inmensa cantidad de recursos de estos países colonizados a sus metrópolis.
Esta «especialización primaria» de productos agrícolas y mineros es una de las herencias más nefastas que todavía padecen muchos países del Sur. En la actualidad inmensos territorios de nuestro continente apenas producen un número mínimo de mercancías. Hay países que el 80 ó 90% de los ingresos por exportaciones provienen de uno o dos productos -en Paraguay, por ejemplo, la soja y carne. Consecuencia: una simple variación de sus precios -controlados, además, desde las Bolsas de Londres o Nueva York- significa una catástrofe para su economía. Por supuesto que esta “especialización” cambia de productos cuando los países hegemónicos descubren nuevos minerales o cultivos estratégicos según sus intereses.
En esa “especialización” en productos primarios y, sobre todo, en su forma social de organizarse y en las relaciones sociales de clase, de analfabetismo funcional y de exclusión que pone en juego su modo de producción, se encuentra una de las claves de nuestra pobreza endémica.
Otra realidad vivida entre 1960 y 1980 fue que los países pobres fueron convencidos para que consiguieran más recursos vía endeudamiento para salir del subdesarrollo. El objetivo oficial en principio parecía honesto: financiar las posibilidades de desarrollo. En realidad, los países ricos dieron la plata con la intención de seguir ejerciendo su colonialismo a través de un nuevo modo de control de sus economías.
Se comenzó llamando créditos blandos, es decir ofrecidos con condiciones favorables. Se calcula que los países que recibieron el dinero, en general con gobiernos altamente corruptos, solo aplicaron el 10 % de lo recibido al desarrollo. Antes de finalizar los 70 estos países ya necesitaban más capital. Así se fueron sumando los créditos sin que los países ricos se preocuparan en ejercer el más mínimo control sobre esta realidad.
Cuando estos países no podían pagar, el Banco Mundial y el FMI introducían la refinanciación de los préstamos, pero con «programas de ajuste estructural» que afectaban de lleno el gasto público: salud, educación, vivienda, seguridad social… Esta realidad supuso un gran deterioro de las condiciones de vida de la mayor parte de la población.
Volvían a aparecer nuevas necesidades de capital y nuevos créditos hasta el punto de convertirse en una rueda imparable hasta hoy. Lo que se ha podido pagar hasta la actualidad es apenas los intereses de esta deuda. ¿Qué ha supuesto esta realidad? El ahogamiento de las economías nacionales, una gran vulnerabilidad a los cambios del contexto financiero internacional y una inmensa fuga de capital hacia los países ricos del Norte.
Según la web ¿QUIÉN DEBE A QUIEN? que lucha por la condonación de la deuda, el FMI reconoce que su monto en 1980 era de 617,8 miles de millones de dólares y que en 2006 ya alcanzaba 3.360 miles de millones. Un estudioso del tema, el Dr. Nicolás Angulo Sánchez, señala que el dinero que los países pobres transfirieron entre 1980 y 2006 a los países desarrollados en concepto de servicio de deuda externa fue de 7.673,7 miles de millones de dólares, una cantidad muy superior a los 3.000 miles de millones citados anteriormente. Es decir, que la deuda hace mucho que está más que pagada, que se trata de simple y puro neocolonialismo.
En relación a la deuda, el papa Francisco señalaba que, “no es el tiempo del egoísmo» y pidió que «se afronten por parte de todos los países las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres». Un economista argentino, refiriéndose a la deuda de su país, que bien se aplica a todas las demás lo expresa bien gráficamente: “La deuda externa argentina no nace de un repollo. Nace del espíritu codicioso de nuestros gobernantes asociado al afán de dominación y avaricia de los poderes financieros”.