TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (97). EL 6° INFORME DEL IPCC Y NUESTRO CONTINENTE Y COLONIALISMO

TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (97). EL 6° INFORME DEL IPCC Y NUESTRO CONTINENTE Y COLONIALISMO

Oscar Martín, sj

En estas últimas semanas hemos venido compartiendo diferentes aspectos del Sexto Informe del IPCC. Quería fijarme brevemente en el tratamiento da a nuestro Continente en relación con la crisis climática. Según el estudio, habrá cambios que serán comunes en todo el planeta y otros que serán propios de los ecosistemas locales.

América Latina significa el 5% de las emisiones mundiales de gases. En gran parte provienen del sector energético, de la agricultura y de los cambios que se han producido en el suelo. Un primer mensaje de alarma del IPCC para AL es la alta probabilidad de que las temperaturas medias hayan aumentado en toda esta región y que sigan subiendo a un ritmo mayor que la media mundial.

La previsión de las lluvias es que aumenten en el noroeste y sureste y disminuyan en el noreste y suroeste del Continente; que los ciclones tropicales -con mayores precipitaciones- las tormentas severas y las tormentas de polvo sean más extremos en el Caribe, en el norte y sur de Centroamérica.

En cuanto a las sequías el IPCC pronostica el aumento de la aridez del suelo y de los incendios en el sur de Centroamérica y en Sudamérica. La agricultura, los bosques, la salud y los ecosistemas también sufrirán severos daños.

Los países con acceso al mar -la mayoría- verán un aumento relativo en los océanos que rodean América Central y Sudamérica. Una de las consecuencias será el aumento de inundaciones en las zonas costeras bajas y el retroceso de las costas de la mayoría de las costas arenosas.

En la zona cordillerana del norte de Sudamérica donde se encuentran los glaciares se considera muy probable una menor cantidad de nieve y hielo y la pérdida de volumen de los glaciares en la cordillera de los Andes. La consecuencia: el descenso del caudal de agua de los ríos y un mayor riesgo de inundaciones por el derretimiento de los lagos generados por los glaciares.

El reporte del IPCC advierte que ya es realidad en América Latina el incremento del nivel del mar, por la erosión costera, la acidificación del océano y las sequías extremas. El Informe dice, de hecho, que las altas temperaturas registradas en la Amazonía durante los últimos años se pueden atribuir al cambio climático. “Una sequía de esas implica una degradación del ecosistema y por consiguiente una disminución de la biodiversidad”.

Hay dos expresiones que me parece importante destacar. La primera -ya señalaba la semana pasada- es ‘inequívoca’: “La evidencia científica acumulada es inequívoca: el cambio climático es una amenaza para el bienestar humano y la salud del planeta”. Esto lo señala la mayor evaluación jamás hecha sobre los impactos del cambio climático y las estrategias para adaptarse a él.

Es necesario volver a decir que nunca antes el IPCC había calificado de “inequívoca” la amenaza del cambio climático y la urgencia de la acción. Porque la crisis climática, además de devastar nuestra Casa común, está afectando de lleno la salud física y psicológica de los seres humanos.

Pero el Informe señala otro término nunca antes ni siquiera insinuado. Al tratar la alta vulnerabilidad a la que expone la crisis climática especialmente a los países del Sur afirma que esa vulnerabilidad ha sido influida por la evolución social pasada, presente y futura, “incluida la marginación de determinados grupos”. Es decir, que no es fruto del azar o de la mala suerte, sino del colonialismo.

Y la realidad que viven los pueblos originarios es la imagen más dolorosa, injusta y patética de ello. El IPCC introduce por primera vez en todos sus informes el colonialismo entre los factores que han impulsado esa vulnerabilidad. Son las regiones y las personas empobrecidas, además de los indígenas, los campesinos, las poblaciones, los asentamientos, las mujeres y los niños… los que ya viven de manera especialmente aguda esta vulnerabilidad producto de la crisis climática.

La mayoría de países del Continente, como otros países empobrecidos del mundo, vive la misma realidad: la de un colonialismo de nuevo rostro, que no ha dejado de recrearse y fortalecerse hasta dejar exhausto el planeta y empobrecidos a miles de millones de seres humanos.

Por nuestra propia supervivencia y la de nuestra Casa común, no debemos descuidarnos de este neocolonialismo, herencia del colonialismo histórico del que nos habla el IPPC.