TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (94). REVOLUCIÓN DE LOS CIENTÍFICOS Y LA GUERRA EN UCRANIA

TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (94). REVOLUCIÓN DE LOS CIENTÍFICOS Y LA GUERRA EN UCRANIA

Oscar Martín, sj

Hemos visto algunas reacciones de personas y organizaciones significativas en torno a la presentación del tercer trabajo del Sexto Informe de IPCC. Me parece importante compartirles la de los científicos.

A partir de hacerse público el Informe, más del mil científicos salieron a protestar contra sus propios gobiernos por no ser escuchados. Se les conoce como Scientist Rebellion. En opinión de esta organización, estamos mucho más cerca del final de lo que pensábamos. Para ellos, si queremos evitar la catástrofe ecológica, es sumamente urgente actuar pronto y ceñirse a las pautas del Informe.

Scientist Rebellion nació de Extinction Rebellion, un grupo de resistencia civil que busca concientizar sobre el calentamiento global. Su trabajo es alertar al mundo sobre cómo la humanidad se acerca irremediablemente a la extinción masiva si los gobiernos del mundo no frenan el desastre ecológico.

La organización está formada por académicos y sociedad civil. Rápidamente tuvo el apoyo de varios científicos de renombre. Los científicos que comenzaron a apoyar al movimiento inició Scientist Rebellion. Por eso las reivindicaciones de ambos grupos son similares: movilizar a tanta gente como sea posible para lograr que los gobiernos del mundo se unan y reaccionen. No pocos han dado esto por imposible y han tomado decisiones drásticas como desvincularse de las investigaciones que mantenían con instituciones de los Estados.

La comunidad científica lleva años anunciando que la humanidad se enfrenta a uno de sus mayores retos por culpa del calentamiento global. En sus palabras: “Como científicos hemos tratado de escribir informes y dar a conocer la crisis climática y ecológica a quienes se sientan en el poder. Debemos aceptar que esos intentos no han funcionado”. Por ello han aprovechado la publicación del tercer trabajo del Sexto Informe para manifestarse pacíficamente y lo han hecho en 25 países.

Como parte de estas protestas, en California, dos científicos de la NASA se amarraron a la puerta de un edificio de JP Morgan Chase, una de las principales financiadoras de combustibles fósiles del mundo (en seis años invirtió 382 mil millones de dólares en este negocio). Uno de ellos, Peter Kalmus, es especialista en climas extremos y biodiversidad y ha estudiado cómo el planeta se ha visto gravemente afectado en pocos años.

En el momento de ser detenido señalaba: “Estoy aquí porque no se escucha a los científicos. Estoy dispuesto a arriesgarme por este hermoso planeta. Es hora de que todos nos pongamos de pie, tomemos riesgos y hagamos sacrificios por este planeta que nos da vida, que nos da todo”.

Las imágenes de Kalmus siendo arrestado por un tropel policías, aparte de propagarse por todo el mundo, son toda una moraleja de lo que vivimos en relación con la ciencia y la crisis ecológica en la actualidad.

Por un lado vemos a miles de científicos como él que cuestionan el stutus quo y el paradigma marcadamente capitalista y desarrollista que nos destruye como humanidad y que son detenidos como delincuentes por los órganos policiales de los gobiernos. Por otro, vemos la ciencia que transita, ‘viento en popa…’, favorecida y potenciada por esos mismos gobiernos. Se trata de la ciencia aplicada al servicio de la destrucción de la naturaleza y de la guerra -una de las maneras más perversas y florecientes de desarrollo tecnológico.

Hace unos días el Papa Francisco, después de haber criticado varias veces y duramente a Putin por la invasión de Rusia a Ucrania y por las atrocidades que hace en ese país, pronunciaba unas palabras muy fuertes en un diario italiano, cuestionando también a Occidente. Decía “que la expansión de la OTAN hacia fronteras de Rusia pudo haber llevado a Moscú a lanzar su operación militar especial contra Ucrania” y que, “los ladridos de la OTAN a la puerta de Rusia provocaron que el jefe de Estado ruso Vladimir Putin optara por iniciar una operación militar contra Ucrania”; y que, “no puedo saber si la ira de Putin ha sido provocada, pero sospecho que la actitud de Occidente a lo mejor la ha facilitado”. Pero después añadió algo muy revelador sobre el armamentismo: “Lo que está claro es que en esa tierra (Ucrania) se están probando armas (…). Las guerras se libran para probar las armas que hemos fabricado”.

Y es que en este modelo de economía que nos ha sido impuesto el negocio de las armas significa un alto porcentajes del PIB de las grandes potencias. El director de Raytheon Technologies, una de mayores empresas de armas de EEUU, después de una reunión con el Pentágono y con funcionarios ucranianos para nuevos contratos de armas, fue preguntado por Harvard Business Review por el aumento de sus ganancias. Su respuesta fue: “Estamos allí (en Ucrania) para defender la democracia. Y el hecho es que eventualmente veremos algún beneficio en el negocio con el tiempo.

Todo lo que se envía hoy a Ucrania, por supuesto, proviene de reservas, ya sea del Departamento de Defensa o de nuestros aliados de la OTAN. Y todas esas son buenas noticias. Eventualmente, tendremos que reponerlo y veremos un beneficio para el negocio en los próximos años”.