TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (87). SOBRE EL “DESEMBARCO” DE LAS CORPORACIONES DEL AGRONEGOCIO EN EL PAÍS Y SU “PROVECHO”

TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (87). SOBRE EL “DESEMBARCO” DE LAS CORPORACIONES DEL AGRONEGOCIO EN EL PAÍS Y SU “PROVECHO”

Oscar Martín, sj

Compartíamos la semana pasada algunos aspectos del agronegocio, como última versión del capitalismo en la agricultura. Señalábamos que el proceso de producción de su “joya”, la soja, lo controla un grupo de corporaciones; pusimos el ejemplo del rubro de las maquinarias agrícolas donde estas multinacionales importaron productos por un valor de 1224.3 millones de dólares en 2018; que, aun siendo inmensamente perjudiciales todo este gran negocio, solo deja como contribución el 1 por ciento.

Los agroquímicos es otro de sus grandes rubros. Según datos de 2019, el país importó 59.204.3 toneladas. Esto significa la impresionante cifra del 6,4% del total de los agroquímicos  (plaguicidas y fertilizantes) vendidos en el mundo. Hablamos de un promedio de 7.4kg por habitante… Desde el año 2013 el principal herbicida importado fue el glifosato de Monsanto y en 2018 representó el 50% del total de los herbicidas importados (BASE IS, Atlas de la soja 2019).

El agronegocio como modo de producción agrícola es causante de la muerte por intoxicación con agrotóxicos de millones de personas en el mundo. Según la Organización Panamericana de la Salud, anualmente se intoxican en forma grave por plaguicidas entre uno y cinco millones de personas dedicadas a la agricultura y hay miles de muertes. El 75% de estos casos ocurren en América Latina. Sufren efectos crónicos 700.000 personas y han aumentado de modo constante los casos de leucemia, tumores, problemas neurológicos, hormonales, etc.

El daño es tal que la farmacéutica alemana Bayer que compró a Monsanto en 2018 en 2020 indemnizó a decenas de miles de afectados por su herbicida Roundup (formado por glifosato). Las indemnizaciones superaron los 10 mil 900 millones de dólares. Según la empresa este acuerdo cierra  el 75% de las casi 125 mil demandas que tiene en su contra. Es muy revelador saber que los casos resueltos fuera de cortes en torno al Roundup y otros herbicidas basados en glifosato representan alrededor del 95% de las demandas que actualmente se dirigen a juicio que soporta Bayer-Monsanto (www.eleconomista.com.mx).

Pero me resulta especialmente interesante lo sucedido con Bayer-Monsanto con un jurado de California en 2019. Éste le ordenó pagar unos 2 mil millones de dólares en daños punitivos y compensatorios a los Pilliod, una pareja que pudo demostrar que desarrolló linfoma no Hodgkin por usar Roundup.

Lo interesante no es la cantidad astronómica de dinero que tuvo que pagar la corporación, sino lo revelador de las pruebas presentadas. Éstas sirvieron para que el jurado pudiera concluir afirmando, no solo que los herbicidas a base de glifosato de Monsanto pueden causar cáncer, sino, además: a) que Monsanto lo ha sabido desde hace mucho tiempo pero que había encubierto los riesgos; b) que Monsanto nunca había tenido ningún interés en averiguar si Roundup era seguro; c) que, en lugar de invertir en ciencia sólida, invirtieron miles de millones de dólares en atacar a la ciencia que amenazaba su agenda comercial. Además de mostrar una montaña de evidencias de la manipulación de Monsanto de la ciencia, se mostró que hacía lo mismo con los MCS, las agencias reguladoras de medioambiente, etc., para imponer sus intereses y negociados, a pesar del grave daño que Roundup producía al reino animal y la humanidad.

Mientras a nivel mundial las denuncias contra Monsanto siguen multiplicándose, en Paraguay no sucede lo mismo, a pesar de las muertes y de los miles de campesinos e indígenas gravemente perjudicados por sus agrotóxicos. La clase política que ha tomado el gobierno y las principales instituciones de esta área (Ejecutivo, Legislativo, Jueces, Ministerio de Agricultura o SENAVE) están al servicio de las corporaciones que las manejan a su gusto.

El agronegocio extractivista y depredador que se nos ha impuesto nos está destruyendo como país, en el más simple y puro sentido de la palabra. Pero una de sus principales actores de destrucción, Bayer-Monsanto, ha mostrado un punto de vulnerabilidad que , ojalá sea más y más aprovechado.

Pero, además, Bayer enfrenta una millonaria demanda colectiva de cientos de sus propios accionistas molestos por la compra de Monsanto (elpaisfinanciero.com/). Y no es para menos porque no deja de llamar la atención que Bayer, una de las farmacéuticas mayores del mundo, compre Monsanto, quizá, la corporación con políticas más ecocidas y más contrarias a la vida humana de los seres humanos que conocemos.

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