TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (86).  EL DETERIORO SOCIOAMBIENTAL Y RESPONSABIBILIDADES

TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (86).  EL DETERIORO SOCIOAMBIENTAL Y RESPONSABIBILIDADES

Oscar Martín, sj

Compartíamos la semana pasada el grave peligro que corremos de colapso ecológico mundial; cómo desde hace años muchos científicos han dado la voz de alarma; cómo cada vez son menos las posibilidades reales de un futuro esperanzador. En nuestro país, las altísimas temperaturas vividas este verano, la sequía o el descenso histórico de caudal de nuestros ríos son solamente algunos ejemplos del grave deterioro medioambiental.

Pero como nos dice el Papa Francisco en Laudato si, no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. En Paraguay es patente cómo la acumulación de la tierra, la pobreza y la destrucción de la naturaleza viene de la mano del modelo económico que padecemos.

Anteriormente hemos visto algunos datos sobre la propiedad de la tierra. Detrás de esta inmensa acumulación de territorio están los que se benefician realmente de ella, que no son solamente sus propietarios. Está el modelo agroexportador y todo lo que éste implica y representa: el sistema capitalista puro y duro.

La entrada del sistema capitalista en el ámbito de la producción agrícola no es de ahora sino que ha pasado por distintas etapas. Se podría decir que lo que hoy conocemos como ‘la mecanizada’, el agronegocio es la última versión del modo de producción capitalista en el campo.

Se trata de un sistema esparcido por todo el mundo, que se sustenta en la división internacional de las actividades económicas. Los países menos desarrollados pero que tienen muchos recursos naturales -como el nuestro- son presionados a través de mecanismos, sobre todo económicos y políticos, por los países ricos. Se les obliga a la producción y exportación de aquellas materias primas que necesitan y demandan los países económicamente desarrollados. En el cono sur la soja es la “joya de la corona” del agronegocio; es la que prácticamente ha copado casi todo el territorio nacional.

El impacto negativo de este monocultivo transgénico es palpable. Lo vemos en la contaminación de suelo, aire y agua, en la degradación de la tierra, la deforestación, la vulnerabilidad climática; es causa, no única pero sí importante, de la expulsión de los campesinos de sus tierras tradicionales, del acaparamiento de los territorios ancestrales indígenas, de la pérdida de soberanía alimentaria, genética y productiva, así como de la pobreza, la indigencia y de varias enfermedades mortales…

El agronegocio está conformado por un selecto grupo de corporaciones que controlan la práctica totalidad de los procesos: desde la provisión de insumos hasta la comercialización del producto.

Las semillas son controladas principalmente por Bayer-Monsanto, Dow, Syngenta, Nidera, LDC, Bunge; los fertilizantes por Master Corporation, Mosaic Fert, LDC, Cargill:}; los agrotóxicos por Bayer-Monsanto, Dow, Syngenta; las maquinarias por John Deere, New Holland, Massey Fergusson, Case IH y Valtra. Por útlimo, el acopio y la comercialización quedan a cargo principalmente de NESTLÉ, Parmalat, Pepsico, Unilever y Conti Paraguay.

Un ejemplo para darnos cuenta de los volúmenes que se manejan es el de las maquinarias agrícolas. Según datos de BASE IS (Atlas del agronegocio en Paraguay, 2019), en este rubro las principales corporaciones importaron productos por un valor de 1224.3 millones de dólares en 2018.

La magnitud de las operaciones comerciales de estas corporaciones en Paraguay son enormes, pero su contribución a la economía nacional es mínima. El aporte al fisco es de solamente el 1%. Son las empresas que más daño generan y que pagan menos impuestos en relación a sus ganancias. Y, por otro lado, la incapacidad, el desinterés y la connivencia de nuestro gobierno nacional de defendernos de este desembarco y de la consiguiente invasión de una tecnología que no solamente no elegimos, ni necesitamos, sino que nos está conduciendo a nuestra destrucción como sociedad y al colapso climático.

Y es que, como bien señala Eduardo Galeano, “El capitalismo es un brujo incapaz de controlar las fuerzas que desata, dijeron los autores, y en nuestros días puede comprobarlo, a simple vista, cualquiera que tenga ojos en la cara”.

 

Etiquetas: