TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (125). “Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS” (JN 1, 14)

TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (125). “Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS” (JN 1, 14)

“Feliz Navidad” es una de las frases que más repetimos o escribimos en estos días. La invitación es a pasarla por el corazón y gustar lo que nos trae de auténtico regalo de parte de Dios para nosotros.

En la Navidad celebramos y agradecemos que nuestro Papá Dios haya decidido que su Hijo naciera en este mundo como uno más de nosotros, y que viviera como uno de nosotros. Esta determinación de Dios de que su Hijo se mezclara con la ‘raza humana’ la pudo hacer de muchas maneras, pero eligió una: la de nacer en suma pobreza, como es y como vive la inmensa mayoría de los seres humanos, en Paraguay y en el mundo entero. Es decir, Dios quiso que su hijo se igualara, pero desde lo más bajo, desde lo más pequeño, para que nadie se quedara fuera, para que nadie se sintiera excluido de su cercanía, de su amistad, de su amor y predilección.

No se colocó en el quintil superior, sino en el último. Y ese amor lleno de ternura, expresado en la fragilidad y la vulnerabilidad de un niño nacido en la soledad en un ‘animal karuha’ es motivo para la alegría y la esperanza plena y para buscar la paz entre todos; para sentirnos hermanos, todos con la misma dignidad y con los mismos derechos a vivir como corresponde a los hijos e hijas de Dios.

Solo movidos por la confianza y la gran esperanza que nos regala la Encarnación del Hijo de Dios es posible desear felicidades y soñar un Paraguay con justicia y hermandad entre todos, aun cuando vemos tanto sufrimiento,  tantas realidades injustas y violentas en nuestro país en la pobreza, la pobreza extrema y exclusión a la que están sometidos  tantos hermanos, especialmente indígenas, campesinos y pobladores de nuestros barrios y asentamientos  urbanos y ante el saqueo y destrucción de nuestra casa común.

Que la conciencia de esta realidad nos ayude a vivir la fiesta con sentido cristiano. Que no sea una Navidad presidida por  Santa Claus o por el Papa Noel, engendros del capitalismo consumista, que buscan ocupar el lugar de Jesús-niño en nuestra casa y en nuestro corazón; que nos presentan a los centros comerciales como los lugares del culto, en vez de la familia, el barrio, los vecinos y la celebración en el templo o en la capilla.

Mucho más que celebrar fechas, para los cristianos es importante celebrar hechos. En la Navidad celebramos, nos felicitamos y damos gracias por el hecho -nacimiento- de Aquel que no cabiendo en todo el universo se hizo ‘insignificante’ y quiso nacer en apenas una adolescente, en el último rincón -tan pobre como desconocido- del imperio romano. Y eso por una simple razón: para que no nos quedara duda alguna de que, para siempre, tenemos Dios con nosotros, más allá de las realidades y situaciones conyunturales que vivamos.

¡Qué buena noticia!

¡Muy feliz Navidad!