TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (114). EL PAPA FRANCISCO: 10 AÑOS DE SERVICIO A LA IGLESIA

TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (114). EL PAPA FRANCISCO: 10 AÑOS DE SERVICIO A LA IGLESIA

Oscar Martín, sj

Agradecer y celebrar el regalo que significa para la iglesia y el mundo los diez años de pontificado del Papa se puede hacer de muchas maneras. La mía va a ser recuperando algunos aspectos de su persona, de sus acciones y de su magisterio. Comienzo por lo último.

Su magisterio lo inicia en 2013 con la encíclica Lumen fidei, y lo hace hablándonos de lo esencial: la importancia de la fe viva en la persona del Señor Jesús para una vida cristiana en plenitud. Ese mismo año, en Evangelii Gaudium, Francisco nos presenta las claves fundamentales para la renovación eclesial desde el espíritu del Vaticano II y Aparecida: una Iglesia en salida misionera, en conversión pastoral, pobre y para los pobres, al servicio de toda la humanidad. Laudato si´ en 2015 marca un hito en el magisterio de los Papas y se ha convertido en una referencia inspiradora para la justicia y el ecologismo mundial.

Menos mediática pero no menos cuestionadora y comprometida ha sido Fratelli tutti, sobre la fraternidad y la amistad social. En un duro análisis de la realidad injusta mundial que vivimos hace un llamado a vivirnos todos como hermanos, más allá de nuestros credos, en solidaridad, al modo de buen samaritano.

Los grandes temas sociales no descentraron a Francisco de abordar la importancia  del amor en la familia y así lo hizo en Amoris laetitia en 2016, o  del llamado a la santidad en el mundo contemporáneo en Gaudete et exsultate, en 2018. En 2019 en Christus vivit, nos recordó la centralidad de los jóvenes, de la fe y del discernimiento. Para la concreción del compromiso con la naturaleza y otros modos inculturados de vivir la fe y el compromiso como Iglesia, nos lo regaló en Querida Amazonía, en 2020. Esto, además de muchas cartas y constituciones apostólicas y multitud de homilías y otro tipo de intervenciones.

Tal y como hizo Jesús, también Francisco nos ha hablado por medio de signos proféticos. Lo hizo ya pocos días después de iniciar su pontificado cuando, en su primer jueves santo como Papa, se escapó del Vaticano y le lavó los pies a jóvenes reclusos de una penitenciaría de Roma. Nunca antes ningún Papa había hecho algo así. Y solo acaba de empezar.

Dos meses después, en julio de 2013, hizo su primer viaje fuera del Vaticano. Fue a la isla de Lampedusa, un territorio italiano muy próximo a las costas africanas. En sus aguas han muerto ahogados miles de inmigrantes africanos; y siguen muriendo por el simple hecho de salir a buscar mejores condiciones de vida en Europa.

Su visita tuvo una enorme repercusión porque Francisco denunció la hipocresía de las instituciones políticas europeas, cuestionó duramente el egoísmo de sus gobernantes y sacó a la luz que el Mediterráneo se ha convertido por esta razón en el cementerio más grande del mundo. Fue en Lampedusa donde lanzó su mensaje sobre la «globalización de la indiferencia» que ha seguido repitiendo incansablemente estos años.

En Cuba, el 12 de febrero de 2016 tuvo lugar su encuentro con el patriarca ortodoxo ruso Cirilo. Cabe señalar que fue la primera reunión de los dos máximos representantes de las dos Iglesias desde el cisma del año 1054. Hace casi mil años.

Otro signo de gran valor evangélico fue el abordaje del Papa a la cuestión de los abusos a menores en la Iglesia, especialmente en  su visita Chile. En medio de un fuerte rechazo  por los escándalos en este país y por la defensa del Papa del obispo Juan Barros, acusado de encubrimiento, en abril de 2018 Francisco reconoció haber cometido «graves equivocaciones de valoración» en el caso de Barros; se reunió con las víctimas de sacerdotes pederastas en Roma y, posteriormente, convocó a todos los obispos chilenos para relevarlos de su cargo.

Un signo profético más sucedió  el 12 de abril de 2019. En su intento de buscar la paz entre los líderes de Sudán del Sur enfrentados en una guerra fratricida, Francisco se arrodilló y besó los pies de los dos líderes a quienes había reunido en Vaticano.

Caló hondo también en muchos corazones del mundo su oración en la plaza de San Pedro en plena pandemia de COVID, en abril de 2020. El Papa llegó en solitario a la plaza de San Pedro, completamente vacía y bajo una inmensa lluvia, para rezar por el mundo que afrontaba la pandemia de Covid-19. También pare recordarnos que sólo saldríamos adelante si todos remábamos juntos.

Para muchos, cristianos y no cristianos, fue un paso de Dios su visita Irak: se le contempló rezando entre las ruinas de Mosul, al lado de la mezquita Al Nuri de Mosul, símbolo de lo que había sido el auge y caída de Estado Islámico.

Sobre su persona, cabe decir que Francisco no ha pasado desapercibido desde que fue elegido Papa. Muchos coinciden en reconocerlo una de las personas con más autoridad moral e influyentes del mundo. También han sido numerosos los comentarios sobre su modo de llevar adelante la Iglesia. Se ha valorado como ha sabido romper la imagen casi mítica de los sucesores de Pedro.

 

 

 

Salió del palacio papal para vivir de modo sencillo en la casa de huéspedes del Vaticano; viste modestamente, recibe a jefes de Estado y famosos, como a personas de otras religiones, deportistas, gente humilde, amigos; cuestiona a autoridades, defiende a los refugiados; da entrevistas en diarios, radios, Tv; habla de modo que todo el mundo le entiende; defiende a los pobres y denuncia el neoliberalismo que explota a las grandes mayorías y destruye a la naturaleza; acoge y tiene la palabra oportuna de ánimo y esperanza para grupos que como Iglesia habíamos estigmatizado u olvidado: gays, lesbianas, víctimas de abusos, divorciados, separados.

 

Muchos, cristianos y no cristianos, encuentran en Francisco sencillez y hondura al tiempo que mucha verdad y humanidad. Por eso me resulta muy sugerente y apropiada la imagen que usó un famoso cantante para caracterizarlo: “El Papa Francisco es como el pan hecho en casa”. ¡Casi no se puede decir más y mejor en tan pocas palabras! Francisco, comparado con rico pan, tierno, caliente, recién salido del tatakua. Pan tierno que a través de su enseñanza, sus signos evangélicos y su sencillez como persona nos hace más cercano y real al mismo Jesús, verdadero Pan de Vida para el mundo.

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