
07 Ene TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (111). ‘SABER ESTAR EN LA REALIDAD’ COMO DESAFÍO PARA 2023
Publicado a las 21:07h
en Tiempos y Tiempo de Dios
Oscar Martín, sj
Lo que nos dice el prólogo de san Juan en el evangelio de hoy: “A todos los que creen en su Nombre les dio el poder de ser hijos de Dios” tiene mucha resonancia con lo que san Ignacio nos dice en su “prólogo” a los Ejercicios: el Principio y fundamento: “El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, nuestro Señor…”.
Entre otras cosas, en ambos casos se está afirmando que la vida humana es don, es regalo y, a la vez, es una tarea, un desafío. Creo que es algo que debemos tener ante nuestro ojos desde el comienzo de año: somos regalo y somos también seres abiertos, con capacidad de tomar nuestras decisiones, de orientar y definir, de un modo o de otro, nuestra vida.
En este “prologo” de los Ejercicios, para Ignacio el don es una verdad: la gran verdad del ser humano es que Dios es Creador y Padre y que nosotros, por tanto, somos sus creaturas.
Pero de ahí se desprende algo bien importante, porque decir que los seres humanos somos creados es lo mismo que decir que somos, que soy amado (nadie crea lo que no ama…); se desprende también que el amor de Dios es el punto de partida y también el fundamento de nuestra vida. Ahí radica nuestra, mi verdad más esencial: Yo pude no haber sido, yo pude no haber existido; sin embargo, de la nada me ha llamado al ser porque me ama, porque su amor perdura para siempre, como nos dice el salmo.
Dios Trino me ha creado a su imagen y semejanza. Lo que existe primero en mí, lo más profundo y radical mío es la comunidad, no la individualidad. Soy ante todo ser en relación, persona antes que individuo. Y esto marca mi ser en su más profunda realidad.
En tiempos de tanta politiquería e intereses mezquinos, donde predomina tanto la egolatría, los distintos tipos de egoísmo, vergonzantes mecanismos de exclusión y marginación hacia los pobres… qué importante que como cristianos pasemos por el corazón esta realidad y sus consecuencias en nuestra vida y en nuestra sociedad. Mi amor es limitado pero soy fundamentalmente un ser comunitario.
Por ello, un gran desafío para el año es el de fortalecer la actitud reflexiva de búsqueda, la mirada interior que nos pueda conducir a algo tan simple pero tan fundamental como es descubrir una manera de saber estar en la vida coherente con lo expresado. Una manera de estar en la vida, pero con otros, que son también hijos e hijas de Dios, sean o no creyentes, hermanos nuestros, parte de la única familia humana que busca avanzar hacia la plenitud, con un Dios fiel que acompaña y camina en medio de ella y que es Dios de toda la creación.
Es tarea cultivar y desarrollar la mirada interior, el fortalecimiento de una sensibilidad humana profunda que desarrolle la Fuente del amor que nos habita, la empatía y la acogida; que se empeñe en la búsqueda de formas de vida reconciliadas, compasivas y solidarias con los que más agudamente sufren diferentes tipos de injusticia.
Esto tiene mucho que ver con poder descubrir a nuestro Buen Dios manteniendo el ser de su creación, generando vida y actuando en todas las cosas (aunque a veces no sea fácil descubrirlo); supone practicar con constancia el ejercicio de vivir despiertos; y supone, sobre todo, renovar la conciencia de que hemos de empezar de nuevo, día tras día, a la cotidianeidad en tiempo de Dios.