TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (104).  FRANCISCO, TERCERA GUERRA MUNDIAL E IMPERIALISMO

TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (104).  FRANCISCO, TERCERA GUERRA MUNDIAL E IMPERIALISMO

Oscar Martín sj

La Civiltà Cattolica publicó estos días un encuentro del papa Francisco con los jesuitas de Rusia, aprovechando su vista a Kazajistán. Después de los saludos iniciales, el responsable de los jesuitas le presentó brevemente al Papa los lugares y los servicios apostólicos que realizan en el país. Posteriormente vinieron las preguntas al Papa. Una de las primeras fue sobre cómo ve geopolítica mundial.

Francisco se centró en la guerra y destacó dos cuestiones: a) Que lo que vivimos no es como una película de vaqueros donde hay  buenos y malos; b) Que no se trata de una guerra entre Rusia y Ucrania sino una guerra mundial en la que la víctima es Ucrania.

Francisco sigue sin poder comprender todavía por qué no se evitó esta guerra y señaló claramente que hay factores internacionales que la impulsaron. Y apuntó que estamos ante la realidad de dos imperios en pugna.

El Papa volvió a recordar su entrevista con un presidente que le habló del riesgo que significaba para el mundo que los ladridos de la OTAN llegaran a las puertas de Rusia. Y cómo la reacción del imperialismo ruso no se hizo esperar. Subrayó que cuando los imperios  entran en declive y se sienten amenazados, para compensar y también para vender y probar sus armas, provocan una guerra.

Destacó la importancia del compromiso pastoral de los cristianos de colaborar en liberar los corazones del odio, de acompañar el dolor del pueblo ucraniano y del ruso porque  -enfatizó- ‘en la guerra no se mira el sufrimiento de los pueblos, de los pobres, que son los que en realidad pagan, sino los intereses partidistas y de poder’.

Francisco habló de sus esfuerzos personales para establecer canales de diálogo con los presidentes de ambos países, así como también a través de los nuncios y de otras instituciones de la Santa Sede.

Creo importante destacar ambas cuestiones: que el mundo sufre una nueva guerra mundial en donde Estados Unidos y la Unión Europea están totalmente implicados en contra de Rusia. Y que, por otro lado, se trata de una confrontación de imperios. Hay demasiadas evidencias de que no se trata de una lucha de liberalismo contra comunismo, de derecha contra izquierda o de democracia contra dictadura, como a veces los medios occidentales la  pintan.

La realidad nos habla que la guerra ha polarizado y fragmentado mucho más al mundo; que pasamos una de las peores crisis de la historia reciente por la gran peligrosidad del momento; que la escasez de alimentos y la hambruna tocan la puerta en millones de hogares en los países pobres.

Vemos también una Unión Europea que se hunde económicamente, que se derrumba su industria, con países que vuelven una pobreza que no habían padecido en 200 años, una Europa que está siendo caldo de cultivo de descontento, de grupos y partidos de extrema derecha que pescan en ríos de insatisfacción y frustración; una Europa que contempla miope y todavía sin reaccionar cómo se resquebrajan los mismos cimientos de la Unión Europea, la obra que comenzó a construirse después de la segunda guerra mundial justamente para impedir nuevas guerras en Europa.

Una Europa que sigue tan implacable como inexplicablemente el plan de hegemonía mundial de Estados Unidos, plan donde ella sencillamente no entra.

  1. Brzezinski fue uno de los principales ideólogos norteamericanos que en los años noventa diseñó las ideas maestras de este plan hegemónico norteamericano que se ejecuta usando como ariete a Ucrania. Este politólogo polaco de nacimiento, pero asesor estratégico de Jimmy Carter y de Bill Clinton, fue claro en ese momento al hablar de los grandes imperativos de la geoestrategia imperial de este país.

Brzezinski señalaba la importancia de ‘impedir el choque entre los vasallos’ (que es, en realidad, lo que son los estados europeos); de ‘mantener la dependencia de estos en términos de seguridad’ (que lo cumple a cabalidad la OTAN, de hecho dirigida por Estados Unidos); e impedir lo que denominaba ‘la unión de los bárbaros’ (¿Rusia y Europa…? Rusia y China…?

Al contemplar la debacle que acontece en Europa, prácticamente hundida hasta el fondo, y la guerra campal contra Rusia, da que pensar la frase que Henry Kissinger, ex secretario de Estado americano, dijo en algún momento: “Es peligroso ser enemigo de EEUU pero muchas veces lo fatal es ser su amigo”.

No hay duda que el imperio no tiene amigos, solo sus intereses. Tampoco que esta guerra pareciera la praxis de un libreto de realismo político extremo, ajeno al inmenso sufrimiento de millones de seres humanos y a los ríos de sangre de las víctimas ucranianas y rusas (cuyas cifras reales son invisibilizadas…).

Y, sin embargo, es una falsa verdad que en la geopolítica se tenga que contemplar el mundo como simple campo de confrontación, de lucha hegemónica de unipolarismos y de destrucción del contrario; o que la alta política internacional tenga que empujar a los líderes de ambos imperios a actuar de la forma brutal, irracional e inhumana como lo están haciendo.

Por ello el Papa Francisco convoca a los que viven esta realidad en su propia carne, pero también a todos los cristianos y personas de buena voluntad, a escribir sobre las ruinas de tanto dolor y destrucción masiva otro tipo de praxis donde el amor sea más fuerte que el odio, la paz que la violencia y la reconciliación que la barbarie.

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