“Mi paz les dejo; mi paz les doy” (Jn 14,27)

“Mi paz les dejo; mi paz les doy” (Jn 14,27)

La paz es un don de Dios (para el hombre) (para toda persona) y un proyecto humano conforme el
designio divino. Es ante todo un atributo esencial de Dios: «Señor…La paz se funda sobre la relación
primaria entre cada ser humano y Dios mismo, una relación caracterizada por la rectitud (cfr. Génesis
17,1). La guerra es una crueldad y un flagelo que no representa nunca un medio idóneo para resolver
los problemas que surgen entre las naciones, como lo que se experimenta en la crisis de Ucrania.

Cuando estalla, la guerra se convierte en una «inútil masacre sin regreso, que compromete el presente y pone
en peligro el futuro de la humanidad, pues los daños causados por un conflicto armado no son sólo
materiales, sino también morales. En esencia, la guerra es, en definitiva, «el fracaso de todo auténtico
humanismo, una derrota de la humanidad (cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 488 y 497).

Las Cáritas de nuestros países de Latinoamérica y El Caribe nos unimos a las miles de voces en todo el
mundo que condenan la guerra y la violencia como medio para resolver conflictos o diferencias. Un
conflicto bélico es siempre un golpe muy duro, que lacera y hiere irremediable e irreversiblemente a
miles de comunidades, destruye vidas inocentes y traumatiza a generaciones completas creando heridas
que muy difícilmente sanarán.

Es una grave injusticia utilizar la fuerza para validar una línea de
pensamiento, o bien apropiarse de bienes o de la cultura de otro pueblo, convirtiendo esa acción en un
cruel atentado a la dignidad humana, pues la violencia no dialoga, sino que silencia, lastima y destruye,
para imponer una postura eliminando al que difiere.

Debemos ser promotores de la Paz duradera. Nos unimos a las palabras del Papa Francisco en la
reciente Audiencia General, compartiendo su angustia y su preocupación al constatar con amargura
que una vez más la paz de todos es amenazada por los intereses de pocos, porque “quien persigue sus
propios objetivos en detrimento de los demás desatiende su propia vocación de hombre, porque todos
hemos sido creados hermanos”.

Jesucristo asumió en su vida toda la violencia y la crueldad que sufrió en su pasión, para enseñarnos el
verdadero camino para resolver los conflictos y las diferencias humanas: la entrega, el perdón y el amor.
San Pablo nos dice que el amor “no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene
en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad” (cf 1Cor 13, 4-
5). Por consiguiente, expresamos nuestra solidaridad con las comunidades más vulnerables que ya están
sufriendo los estragos de este lamentable conflicto.Ratificamos que el diálogo, el respeto y el amor deben siempre prevalecer sobre la ceguera que produce la violencia.

Nos unimos como Caritas América latina y El Caribe a la jornada de ayuno y oración pedida
por el Papa Francisco para el próximo 2 de marzo, Miércoles de Ceniza e inicio de la Cuaresma, para que
prevalezca la paz y la justicia. “Que la Reina de los cielos preserve al mundo de la locura de la guerra”.

Mons. José Luis Azuaje Ayala
Arzobispo de Maracaibo
Presidente de Cáritas América Latina y El Caribe