
06 Nov Mensaje de la Asamblea de la CEP
La 235a asamblea de los obispos de la Iglesia Católica en Paraguay, presidida por nuestro primer cardenal Adalberto Martínez Flores, Arzobispo de la Santísima Asunción, y con representantes de la presidencia de la CONFERPAR, ha sido una celebración de fe compartiendo las vivencias de las distintas pastorales de la Conferencia y de la vida de las Diócesis. En la oportunidad, con alegría hemos celebrado los 50 años de ordenación presbiteral de Mons. Claudio Giménez, que nos recuerda el don de la vocación sacerdotal en el servicio a la Iglesia.
En el camino hacia una nueva normalidad en la post-pandemia, surge de nuestro compartir una acción de gracias por la vida de las familias que cultivan el amor, el diálogo y la solidaridad, valores tan importantes para nuestra sociedad. Enfrentamos juntos grandes desafíos económicos por la inflación y la dificultad de encontrar empleo digno y seguro, valoramos y acompañamos el compromiso en la educación de las nuevas generaciones.
En el contexto del camino sinodal, la realidad nacional nos exige capacidad de escucha y discernimiento. Inspirados e iluminados por los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, renovamos nuestro compromiso por el bien común y la dignidad humana.
Sínodo
Estamos recibiendo una inmensa gracia de Dios en el proceso sinodal iniciado en octubre de 2021 por el Papa Francisco, y celebrado en las Diócesis durante los últimos meses. Desde la Secretaría del Sínodo en Roma, recibimos una síntesis de las respuestas a la consulta realizada dentro del proceso. Estas respuestas nos hacen ver una imagen de nuestra Iglesia en plena vida que con sus alegrías y penas, comparte sueños y esperanzas, asumiendo en la misericordia de Dios sus fragilidades y contradicciones. Todo lo que el pueblo siente y vive aparece en ese inspirador documento, por ejemplo: la renovación de la catequesis y la liturgia, el desafío del diálogo social, el ejercicio de la autoridad, el rol de la mujer en la Iglesia y la sociedad.
Educación: acceso y calidad.
La importancia y la urgencia de una educación accesible y de calidad, atendiendo al estado crítico de nuestro sistema educativo nacional, es innegable. Debemos seguir trabajando hasta consensuar un pacto educativo nacional, y priorizar una formación integral que prepare a las nuevas generaciones para acompañar y liderar el camino presente y futuro de nuestro país. El desarrollo es posible en la paz y en la concordia maduradas en el diálogo, que es necesario para que los más vulnerables y necesitados no sean olvidados.
El Plan Nacional de Transformación Educativa (PNTE) ha generado confrontaciones y crea inseguridad. Creemos que es necesario revisar los procesos educativos llevados adelante por el MEC. Pedimos la aplicación de los principios y valores irrenunciables de nuestra Constitución Nacional, como la dimensión transcendental, la familia, la vida y la dignidad de toda persona.
El Papa Francisco y la representación de la Santa Sede ante las Naciones Unidas han expresado el valor de un compromiso real con la erradicación de la pobreza y de muchos males contra la dignidad de las personas y de los pueblos, sin comprometer los valores cristianos y observando aquellos puntos en los que la Iglesia disiente en relación con la comprensión antropológica de la identidad, la moral sexual y la salud reproductiva.
La Pastoral Educativa de la CEP convoca a las instituciones educativas católicas a un pre-congreso el próximo 7 de noviembre, con el fin de iniciar un análisis y aportar propuestas sobre la educación en Paraguay. Desde un riguroso estudio de la última Reforma Educativa, con participación de representantes y profesionales de la comunidad educativa, queremos que este pre-congreso ayude a buscar soluciones concretas, superar la polarización y fomentar el consenso para responder desde nuestra cultura paraguaya a los grandes desafíos del tiempo actual.
Tierra y territorio
Otra situación que nos duele e indigna, es la situación de la tierra y los territorios de los Pueblos Indígenas y asentamientos campesinos. No es posible continuar permitiendo la acumulación de tantas extensiones de tierras en manos de unos pocos y despojar a una gran mayoría de la posibilidad de soñar y desarrollar una vida digna sobre tierras aseguradas legalmente.
No podemos seguir asistiendo a los continuos desalojos de las comunidades indígenas, como la que sufrió la población indígena de “15 de enero” de Caaguazú, últimamente. La rapidez con la que se desplazan y la violencia con la que actúan las instituciones del Estado para dichos desalojos, nos interpelan e invitan a reflexionar en qué sociedad estamos viviendo. ¿Por qué algunos consiguen que el aparato estatal esté siempre a su servicio atropellando vidas ajenas y de inocentes y otros tantos nunca son escuchados en sus reclamos urgentes pidiendo justicia?
El Estado debe tomar una postura firme y coherente con los pueblos indígenas que tienen un derecho real, inviolable, reconocido por innumerables leyes y, por ende, la exigencia de ser atendidos prioritariamente en su dignidad. Animamos a las comunidades y organizaciones indígenas a defender sus derechos dialogando con las instancias gubernamentales a fin de contar con sus territorios (tekoha) donde erguirse con dignidad como “poblaciones anteriores a la formación y organización del estado paraguayo» (Constitución Nacional, art. 62).
Laicos, política y elecciones nacionales
No podemos dejar de comentar nuestra situación política, en la víspera de las elecciones generales, en abril del próximo año, con los escrutinios partidarios correspondientes, en diciembre de este año. Apelamos a una cultura del bien común, al ejercicio libre y responsable del derecho y deber del voto, a un debate sano y constructivo sobre el futuro de nuestro país.
El proceso sinodal que estamos celebrando actualmente, nos hace redescubrir el valor de una verdadera comunión fundada en el diálogo social, el saber mirar hacia objetivos de justicia y paz, caminar juntos, sin dejar a nadie atrás. La sinodalidad no es un programa político, pero nos puede inspirar en el momento de votar y elegir.
Ahora es el momento de elegir a personas idóneas, con trayectorias probadas de honestidad y servicio a la comunidad y al país. También es la hora de tener un juicio crítico sobre las lluvias de promesas y sobre los negocios turbios que suelen plagar nuestras elecciones. El voto es un “sí” a una cierta visión del país, y ahí debemos hacer conocer los valores que nos inspira la fe, y un “no” a la corrupción, a la mentira, a la violencia.
Animamos a los laicos a vivir la “política como servicio, que abre nuevos caminos para que el pueblo se organice y se exprese” (Papa Francisco, 15 de abril 2021), viviendo con radicalidad su compromiso bautismal, siendo fermentos de cambio y transformación en la Iglesia y en la sociedad. Les invitamos a ser militantes apasionados en la promoción y defensa de la justicia, la verdad y la convivencia fraterna en nuestra sociedad.
Mientras vamos avanzando en el año del laicado y de un camino sinodal, invitamos al diálogo, a la escucha y al respeto de la dignidad humana, asimismo, a la práctica de justicia para todos, especialmente para los más pobres y vulnerables de nuestra sociedad. Con esperanza y fe en el Dios de la vida, colaboremos todos en construir un país más humano y cristiano, “como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos” (Fratelli Tutti, 8).
También durante nuestra asamblea hemos orado por las personas secuestradas y desaparecidas, en solidaridad con sus familiares. Compartimos sus dolores y preguntamos con ellas: ¿dónde están? ¿por qué no son encontradas?
Finalmente, instamos a todos y todas a participar y colaborar en la realización del Censo Nacional 2022. Es una herramienta importantísima para fundamentar y orientar futuras políticas públicas.
Se aproximan las fiestas de Caacupé y pedimos a la Virgen de la Inmaculada Concepción, que bendiga a nuestro pueblo con la paz, “unión e igualdad”.
Los obispos del Paraguay