TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (89). El IPPC, SU IMPORTANCIA Y NUESTRA REALIDAD NACIONAL

TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (89). El IPPC, SU IMPORTANCIA Y NUESTRA REALIDAD NACIONAL

Oscar Martín, sj

La semana pasada compartía algunos resultados del primer grupo de trabajo de IPPC (y no del segundo como, de hecho, puse), publicado en junio de 2021. Como vimos, nos dice que el calentamiento del clima es indudable, que desde 1950 se han observado cambios en el sistema climático que no tienen precedente, ni siquiera con registros paleoclimáticos de los últimos milenios; que es una evidencia que los océanos se han calentado, que la extensión de las masas de hielo y nieve han disminuido drásticamente, que el nivel del mar ha subido así como también las concentraciones de gases de efecto invernadero y la temperatura media global (entre  0,65 ºC y 1,06 ºC entre 1880-2012). Por otro lado, señala que son muy notables y evidentes los cambios en los fenómenos atmosféricos extremos y la constatación de que los seres humanos son los principales responsables de toda esta realidad.

El segundo informe del IPCC fue publicado este pasado mes de febrero. Pero antes de comentar algunos de sus resultados más importantes, creo que vale la pena saber un poco más sobre este Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático porque pude ayudarnos para darnos cuenta de la trascendencia de sus informes.

El IPCC es el órgano de las Naciones Unidas encargado de evaluar los conocimientos científicos relativos al cambio climático. Fue formado en 1988 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Se creó para facilitar a los gobiernos del mundo evaluaciones científicas rigurosas periódicas sobre el cambio climático y así detectar los riesgos y proponer estrategias para reducir su impacto. Los resultados de sus informes son síntesis de la investigación ya existente, pero revisada por pares; sin embargo, la visión de conjunto de los mismos es tan poderosa y alarmante que resulta cada vez más difícil modelar un mensaje manejable y tranquilizador para los políticos de turno que nos gobiernan.

António Gutiérrez, secretario general de la ONU ante los resultados del grupo I señalaba que estamos “ante un código rojo para la humanidad. Las campanas de alarma son ensordecedoras y la evidencia es irrefutable: las emisiones de gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles y la deforestación están asfixiando nuestro planeta  poniendo a miles de millones de personas en riesgo inmediato”.

El IPCC lo compone 195 Estados y miles de personas de todo el mundo contribuyen en su trabajo. Es interesante destacar que los científicos del IPCC ofrecen voluntariamente su tiempo. Y es así -gratuitammente- que evaluan los miles de artículos científicos que se publican cada año para elaborar estos exhaustivos informes y estar al tanto de lo que se sabe sobre el cambio climático.

El IPCC lo forman tres grupos de trabajo: el Grupo de Trabajo I, que estudia las bases físicas del cambio climático; el Grupo II, que se encarga del impacto, la adaptación y la vulnerabilidad; y el Grupo III, que se encarga de la mitigación del cambio climático.

Próximamente veremos algunos de los aportes del Grupo de Trabajo II al Sexto Informe de Evaluación. Pero para darnos cuenta de la trascendencia y de todo lo que está en juego en este momento, cabe destacar lo que señalaba uno de los comentaristas del grupo II: “Es prácticamente seguro que estamos ante el último informe del IPCC con capacidad de llegar a tiempo para influir…”.

En lo que respecta a Paraguay, mientras se suceden las manifestaciones de campesinos e indígenas reivindicando justicia en la distribución de la tierra, la derogación de leyes que criminalizan a los pobres, etc., el ecocidio orquestado por las grandes corporaciones trasnacionales del agronegocio sigue a sus anchas en todo el territorio nacional, favorecido y protegido por los tres poderes del Estado y sus fuerzas de seguridad. Ojalá éstos puedan llegar a ser conscientes de que la tierra en manos de quienes la aman, la cuidan y la hacen producir para cubrir sus necesidades y la de todos los paraguayos es la mejor manera de garantizar una tierra habitable y un futuro digno para todos: para los presentes y para los que vendrán.

Etiquetas: