13 Dic TIEMPOS Y TIEMPO DE DIOS (139). NECROPOLÍTICA: VIDAS DESCARTABLES EN EL PAÍS DE LA MAXIMIZACIÓN DE LAS GANANCIAS
Por Oscar Martín, SJ.
La pasada semana, BASE Investigaciones Sociales presentó al público su ya tradicional informe anual: “Con la soja al cuello”. El título, que juega con las palabras “soja” y “cuello”, es tan gráfico como inquietante: sugiere un modelo de desarrollo que no sostiene, sino que asfixia.
El texto reúne doce artículos breves elaborados por especialistas. Juntos trazan una radiografía dura de nuestra realidad agraria y socioambiental: las tierras del crimen organizado; la desaparición de datos estadísticos sobre la agricultura campesina; el avance del control corporativo de las semillas; la importación creciente de agrotóxicos y “soluciones recicladas”; un modelo ganadero y sojero que encierra mucho más que ganado, porque encierra comunidades enteras; la crisis climática y la geoingeniería; la doble cara de la transición energética en Paraguay; las iniciativas parlamentarias que afectan a la agricultura campesina; el impacto de los agrotóxicos; el aumento constante de la importación de productos frutihortícolas; los desalojos a comunidades indígenas y campesinas; la ruta bioceánica y su impacto socioambiental en el Chaco.
En medio de este panorama, el informe presenta solo dos artículos abiertamente esperanzadores: la experiencia de producción orgánica de yerba mate en Tava’i y la lucha de la comunidad de Tres Candu por la justicia ambiental. Son pequeñas luces en un contexto sombrío. Justamente por eso, el informe deja una sensación amarga: nos hace sentir la malignidad de un modelo de “desarrollo” que obliga a preguntarse, con honestidad, desarrollo a costa de qué y desarrollo para quiénes.
Al leer los artículos viene a la memoria el pensamiento de Achille Mbembe, filósofo e historiador camerunés. Mbembe es una de las voces más influyentes para pensar la política desde la experiencia colonial y poscolonial. Se hizo conocido por un ensayo en el que acuña el término “necropolítica”. En él retoma y lleva al límite la idea de biopolítica de Michel Foucault.
Si para Foucault el poder moderno se caracteriza por “gestionar la vida” -administrar poblaciones, cuerpos, nacimientos, salud- Mbembe muestra que, especialmente en los países empobrecidos, el poder va más lejos: decide quién puede vivir y quién puede ser dejado morir. No solo gobierna la vida; organiza también la muerte. Así se producen lo que él llama “mundos de muerte”: territorios donde poblaciones enteras -pueblos indígenas, migrantes, habitantes de zonas pobres y periferias urbanas- son tratadas como vidas descartables.
Al adentrarse en la lectura de “Con la soja al cuello”, uno se da cuenta de hasta qué punto este planteamiento de Mbembe es actual para Paraguay. El informe ayuda a captar la magnitud de lo que vivimos y lo hace con datos concretos sobre soja, pueblos indígenas, agricultura campesina, modelo económico, transgénicos y agrotóxicos. Detrás de los cuadros y gráficos, aparece una trama difícil de negar: la combinación de racismo, extractivismo económico, destrucción ambiental y violencia estatal o paraestatal que expone a ciertos grupos a condiciones de vida que rozan una muerte lenta y permanente.
Lo más inquietante es que esta situación no es un accidente, ni una suma de casos aislados. El informe de BASE IS deja ver que se trata del resultado lógico de una política de la muerte propia de nuestra matriz productiva puramente extractivista, que es la forma concreta que asume en Paraguay la globalización neoliberal donde comunidades enteras pasan a ser un “estorbo” para el agronegocio, para la ganadería extensiva o para las grandes infraestructuras viales. Y cuando una vida es vista como estorbo, se hace más fácil justificar su expulsión, su contaminación o su silenciamiento.
Así se naturaliza la violencia que golpea a campesinos e indígenas y se tolera su muerte o su aniquilación lenta mediante desalojos, fumigaciones, criminalización de líderes, abandono sanitario y educativo, o lisa y llanamente limpieza étnica. Las personas desplazadas, enfermas o empobrecidas no son un daño colateral: son el precio aceptado por un modelo que prioriza el lucho sobre la vida.
Sin embargo, el informe no se queda solo en la denuncia. Las experiencias de Tava’i y de Tres Candu muestran que otro modo de habitar la tierra en Paraguay es posible: producción agroecológica, organización comunitaria, defensa del territorio, justicia ambiental. Son todavía pequeñas semillas, pero apuntan hacia una una política de la vida, que ponga en el centro a las personas, las comunidades y los territorios concretos.
Tal vez sea ese el mayor mérito de “Con la soja al cuello”: obligarnos a mirar de frente la necropolítica existente en Paraguay y recordarnos que no estamos condenados a ella. Nombrar la política de la muerte es también abrir la posibilidad de discutirla, resistirla y transformarla en una política de la vida, tejida desde las comunidades que no se resignan.
El desafío es plantearnos si, como sociedad, seguiremos aceptando estos “mundos de muerte” a cambio de unas engañosas cifras macroeconómicas en azul o si, por el contrario, nos comprometemos con un país donde nadie sea sobrante y donde la vida pese más que la maximización de las ganancias de unos pocos. En esa decisión compartida se juega también nuestra esperanza: la esperanza de un Paraguay donde la tierra, la economía y la política estén al servicio del buen vivir de todos.
Foto: La Voz de Cataratas
